Una Nota del Pastor: 5 de abril de 2026
- Father Todd O. Strange

- 2 abr
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Queridos feligreses, este es mi segundo Domingo de Pascua en las parroquias de Santo Tomás y Santa Filomena. Por fin, la Pascua ha llegado. Y debo admitir que estoy más que listo. Debo admitir que me encanta la llegada de la Cuaresma cada año, y me beneficio de ella, estoy feliz de haber escalado la santa montaña de la Pascua un año mas! Como proclama el gran Pregón Pascual (el antiguo Exsultet), anunciado en el cálido resplandor de la luz de las velas: “¡Oh Dios una noche verdaderamente dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”.
Asi como declara nuestra Iglesia: “La Pascua no es simplemente una fiesta entre otras, sino la ‘Fiesta de las fiestas’, la ‘Solemnidad de las solemnidades’” (CEC, 1169). Entonces, ¿qué la hace tan grande? En un mundo marcado de tantas maneras por signos de muerte, esta celebración nos recuerda que la muerte no es la última palabra. A pesar de las formas en que la muerte nos toca—cuando la realidad de nuestra propia mortalidad nos confronta; cuando aquellos a quienes amamos experimentan la muerte física; cuando escuchamos sobre la muerte, cercana o lejana—la muerte no es donde todo termina.
Dios—como lo hace una y otra vez—le da la vuelta a todo, y la muerte, el mayor de todos los desórdenes humanos, es de algún modo transformada en vida. Y esta solución radical a nuestro dilema vino por virtud del sacrificio de Jesús: “¡Oh pecado de Adán verdaderamente necesario, que fue borrado por la muerte de Cristo! ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!” (Exsultet). En pocas palabras, si no fuera por lo que celebramos en Pascua, realmente no habría otra esperanza humana. O como dijo San Pablo: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación; vana es también vuestra fe” (1 Cor 15,14).
Por esto esta ocasión es tan grande también porque nuestra comunidad recibe nueva vida en aquellos que han entrado en esta Iglesia, tanto en Santo Tomás como en Santa Filomena. Jesús dijo: “Yo soy la vida, ustedes los sarmientos” (Juan 15,5), y así, por virtud del bautismo, varios nuevos miembros han sido injertados en la vida que es Jesucristo. Qué regalo tan maravilloso, nos dan con sus vidas y su testimonio.
Y esta gran fiesta trae consigo a un buen número de visitantes y feligreses ocasionales, sean todos Bienvenidos; Sepan que este también es su hogar, y todo lo que hacemos se vuelve más hermoso porque ustedes están aquí. Por favor, consideren en oración la voz de Dios dentro de ustedes, tal vez llamándolos a unirse a nosotros nuevamente… y nuevamente, y nuevamente…no se canzen de orar, Dios necesita soldados y somos nosotros.
“Alégrese también la Iglesia, nuestra madre, revestida de la luz de su gloria; que este templo resuene con las aclamaciones del pueblo” (Exsultet).
En Cristo,
Padre Todd O. Strange

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