Una Nota del Pastor: 13 de septiembre de 2026
Hace años, una feligresa me explicó que ella y su familia habían asistido a Misa mientras estaban de vacaciones en otro estado. Dijo que, en algún momento de la Misa (quizás durante la homilía), el sacerdote explicó algo como esto:
"Les recuerdo que, si no están en estado de gracia (es decir, si actualmente cargan con el peso de un pecado mortal), se les recomienda no recibir la Sagrada Comunión hasta que hayan confesado sus pecados y enmienden su vida (es decir, que tengan la intención de dejar de cometer ese pecado)."
La feligresa que me contó esto era católica de toda la vida y, según mis observaciones, una católica fiel que ama a Jesús y a su Iglesia. Al mismo tiempo, se sintió ofendida por lo que consideró un juicio bastante severo por parte de ese sacerdote y por su intención de apartar a las personas de la Comunión.
Puedo comprender cómo se sintió y que esas palabras puedan sonar severas. Sin embargo, esto plantea la siguiente pregunta: ¿Existen pecados que podamos cometer (o que cometamos) que nos pongan en conflicto con el don de la Sagrada Eucaristía?
Pienso en las palabras de san Pablo a los cristianos de Corinto:
"Porque cada vez que comen este pan y beben de este cáliz, anuncian la muerte del Señor hasta que él venga. Por tanto, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente tendrá que responder del cuerpo y de la sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz. Porque quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación" (1 Cor 11, 26-29).
Respecto a las palabras de aquel sacerdote, me pregunté:
Como alguien llamado a ser pastor del pueblo de Dios, ¿realmente los estoy amando y guiando si simplemente ignoro el hecho de que algunos pecados que cometemos pueden ser graves por naturaleza y colocarnos en un estado tal que nuestros corazones ni siquiera puedan recibir la gracia que nuestro Señor desea concedernos en la Sagrada Eucaristía?
He recibido comentarios de feligreses que, con curiosidad, han observado que en la Misa en español muchos adultos no reciben la Sagrada Comunión. Como les expliqué, esas personas han evaluado por sí mismas que no están preparadas para recibir a nuestro Señor en la Comunión. Aprecio esa humildad y quisiera que esas personas supieran del amor que Dios les tiene, independientemente del pecado con el que puedan estar luchando.
En contraposición a esa forma de pensar, quizá algunos de nosotros veamos la Eucaristía como algo a lo que tenemos derecho, y ese orgullo puede impulsarnos a ignorar aquellas circunstancias en las que sería mejor abstenernos hasta que podamos corregir nuestras vidas. Que el amor y la misericordia perdurables de Dios sean nuestra fortaleza y el remedio contra el orgullo.
En Cristo,
Padre Todd O. Strange


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