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Una Nota del Pastor: 15 de febrero de 2026

Queridos ferigreses este pasado domingo habría sido la fecha de la esta de una de mis santas favoritas: Josena Bakhita. A pesar de no ser muy conocida por la mayoría de los católicos, su testimonio habla a mi corazón, y siento cierta amistad con ella.


Nació en Sudán en 1869, en una familia estable y amorosa, siendo una de siete hijos. A los nueve años fue secuestrada por tracantes árabes de esclavos que la obligaron a convertirse al islam. Los secuestradores la llamaron “Bakhita”, que irónicamente signica “afortunada”. Es el nombre que conservaría toda su vida. A lo largo de ocho años, vendida y revendida cinco veces en los mercados de El Obeid y de Jartum, experimentó un gran sufrimiento, tanto físico como emocional.


En 1883, un comerciante italiano la compró y dos años después la llevó a vivir a Italia. Como extranjera de piel oscura, tampoco allí fue siempre tratada con bondad, aunque esta etapa de su vida le trajo paz y estabilidad. Algunos años más tarde, la familia con la que vivía tuvo que ausentarse por un tiempo, así que la conaron al cuidado de una comunidad de religiosas (las Hermanas Canossianas).


Más tarde, cuando regresaron para reclamarla, Bakhita no quiso irse. Se desató una batalla legal, y nalmente el tribunal italiano dictaminó que, dado que la esclavitud era ilegal en el momento de su cautiverio, debía serle concedida la libertad.


Con las hermanas, Bakhita llegó a conocer a Dios, a quien “había experimentado en su corazón sin saber quién era” desde que era niña. “Viendo el sol, la luna y las estrellas, me decía: ¿Quién podría ser el Dueño de estas cosas tan hermosas? Y sentía un gran deseo de verlo, de conocerlo y de rendirle homenaje…”


El 9 de enero de 1890 (a los 20 años), Bakhita fue bautizada y tomó un nuevo nombre: Josena. Recibió su Primera Comunión de manos del arzobispo Giuseppe Sarto, quien más tarde sería conocido como el papa Pío X. A menudo se la veía besando la pila bautismal y diciendo: “¡Aquí me convertí en hija de Dios!” Años después, hizo sus votos solemnes como Hermana Canossiana.


Una vez, una joven estudiante le preguntó a Bakhita: “¿Qué harías si te encontraras con tus captores?” Sin dudarlo respondió: “Me arrodillaría y les besaría las manos. Porque, si estas cosas no hubieran sucedido, hoy no sería cristiana ni religiosa”. La hermana Josena Bakhita murió el 8 de febrero de 1947. Un espíritu triunfante, a pesar del sufrimiento; un espíritu que perdona. Santa Josena Bakhita… ¡ruega por nosotros! Les recomiendo encarecidamente la película Bakhita: De esclava a Santa (From Slave to Saint, que tú y tu familia pueden ver gratis en Formed.org.)


En Cristo,

Padre Todd O. Strange

 
 
 

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