Una Nota del Pastor: 16 de agosto de 2026
- Father Todd O. Strange

- 13 ago
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Si bien en inglés existe la palabra love, y en español Te Amo y Te Quiero, en griego hay cuatro palabras diferentes. Mejor dicho, es el amor el que adopta cuatro formas distintas: eros, philia, storge y agape. En conjunto: eros, philia, storge y ágape = amor romántico, amor de amistad, amor familiar y amor incondicional.
Me siento impulsado a decir algo más sobre el amor tal como comúnmente lo entendemos (o lo malinterpretamos).
En nuestra cultura (aunque no creo que séa algo exclusivo de ella), los conceptos de amor y sexo casi se presentan como si fueran sinónimos. Lo vemos en expresiones como “tener relaciones sexuales” y “hacer el amor”. Aunque existe una relación entre ambos, el sexo y el amor no son lo mismo.
Sin duda, todos somos seres sexuales, ya seamos jóvenes o mayores, solteros, célibes, o tengamos cualquier orientación sexual. Nuestra sexualidad se manifiesta en nuestra identidad corporal, según nuestro sexo, así como en nuestros deseos sexuales innatos. Somos seres sexuales incluso cuando no estamos participando en actos sexuales.
Además, toda persona necesita recibir amor, necesita saber que es amada. Desafortunadamente, esto con demasiada frecuencia conduce a la confusión, en la que alguien llega a creer que será amado si está dispuesto a tener relaciones sexuales. Lo que suele ocurrir, en lugar de que una persona exprese realmente amor hacia otra, es que una persona termina utilizando a la otra, aunque ello se presente con el lenguaje del “amor”. Y de ahí, para quien es utilizado, no surge una verdadera sensación de seguridad, la que proviene de ser realmente amado; tampoco surge ese verdadero sentido de identidad que nace de ser amado por quien uno es, y no por lo que está dispuesto a hacer.
Quizás hayas escuchado decir que, mientras usamos las cosas, estamos llamados á amar a las personas. Aunque pueda sonar extraño, es posible utilizar á alguien para nuestro propio beneficio sexual, incluso dentro del contexto del matrimonio, es decir, a nuestro propio cónyuge. El amor, cuando se entiende como entrega de sí mismo, evita utilizar al otro.
Yo lo pienso de esta manera: cuando sentimos lujuria por alguien, en nuestro corazón y én nuestra mente, Dios (el Creador) y la persona que es objeto de nuestra lujuria (un ser creado por Dios) dejan de estar integrados el uno con el otro. Perdemos de vista la conexión de Dios con esa persona. Para controlar nuestra lujuria, en nuestro corazón y mente debemos procurar reintegrar al Creador y a su criatura, restaurando la verdadera y legítima identidad de esa persona.
Para lograrlo, en los momentos en que experimentamos lujuria por alguien, o la inclinación a usarlo para nuestros propios fines, recomiendo orar por esa persona. La oración que suelo sugerir es esta:
"Dios, que ella (o él) pueda conocer cuánto la amas (o lo amas), tu amada hija (o amado hijo), y que yo pueda verla (o verlo) de esa misma manera."
Cuando el Creador y su criatura están integrados, evitamos ver a las personas como objetos de nuestros deseos. Podemos usar las cosas, pero estamos llamados á amar a las personas.
En Cristo,
Padre Todd O. Strange
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